de Cabreos y Devaneos

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CONTRASTES


fotoHemos capoteado las primeras embestidas de enero y empezamos a darnos cuenta de que el año que nos ha tocado en suerte ya apunta maneras de cabroncete. Aparenta ser, en sus primeras hechuras, de esos mansos que blandean en varas y se vienen arriba al sentir el escozor de las banderillas. En definitiva, un astado desigual que a nadie dejará indiferente y al que será difícil adivinar hasta bien entrada la lidia, si terminará agonizando en tablas o se nos llevará por delante en un derrote.

Así será el dos mil trece, un año de contrastes en el que las alentadoras noticias de recuperación que a diario abrirán los informativos, nada tendrán que ver con la realidad de un país que sucumbe ante sus propios excesos.

En principio, vamos a dar por bueno que las señales macroeconómicas con las que desayunamos el invierno insinúan un cambio de tendencia positivo que contrariamente a lo que se piensa, terminará por ponernos a todos de muy mala leche. Y digo esto porque asistiremos de manera sistemática en los próximos meses a escuchar en boca del gobierno y correligionarios afines, palabras grandilocuentes acerca de los sólidos cimientos que para el futuro han ido esparciendo aquí y allá con su gestión de la crisis. Sin embargo, el pueblo llano continuará topándose de frente con la realidad cruda y dura de una sociedad que ve incrementar a diario el goteo de parados, sufre en sus carnes los recortes y en sus bolsillos la corrupción generalizada y la pérdida de poder adquisitivo.

 Es verdad que se ha logrado frenar la fuga de capitales, se han incrementado las exportaciones, los grandes grupos empresariales colocan deuda con mayor facilidad, y las multinacionales no asentadas lanzan ahora sus redes en este País de pandereta. Todo estaría muy bien si el efecto se fundamentara en un proyecto macroeconómico que inspirara la confianza del inversor y no en el desmembramiento de su tejido productivo, que a sangre fresca vista, sólo lo va a ser atractivo para los tiburones.

 En poco más de un año, como siempre ocurre cuando el que gobierna carece de callos y agallas, se han dinamitado los tres pilares fundamentales de la democracia, que por su universalidad, pagada de antemano con nuestros impuestos, debiera haber sido innegociable. Los recortes en educación, sanidad y justicia, unidos a la sangrante reforma laboral, los incrementos impositivos y la destrucción de empleo, no han hecho más que asfixiar a quien ya no tiene ni un triste hálito de vida.

Creo en mi modesta opinión, que hubiera sido más razonable gestionar la crisis emprendiendo acciones orientadas al adelgazamiento de la administración, la lucha contra el fraude y la erradicación de la corrupción, porque solamente desde ese ejemplo estaría el gobierno legitimado para exigir al pueblo los restantes sacrificios. Hacer lo contrario como han hecho, solo nos ha traído ruina y mala sangre.

Definitivamente, el dos mil trece no será mejor que su antecesor, salvo para evasores amnistiados y corruptos de guante blanco, que tendrán que ir con mucho cuidado de ahora en adelante, porque la clase media ya va aprendiendo a manejar el estoque y pensando si no terminará la faena al volapié.

© Vicente Puchol Mora 2013.

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febrero 2, 2013 - Posted by | Cabreos

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