de Cabreos y Devaneos

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ESTAR CONECTADO

1982-2012Leía en el muro de Marta Querol Benèch, cuyo libro: “El final del ave fénix” recomiendo vivamente, dicho sea de paso; un retweet de @chimechu en el que se cuestionaba una duda, que no tardará en convertirse en existencial para muchos, y que debiera ser considerada con la máxima urgencia por el “Tratado de buenas maneras” de Alfonso Ussía: “ Una pregunta para la cena de Nochevieja: El iPhone va a la izquierda o a la derecha del plato?

Al respecto, leí opiniones para todos los gustos. En mi caso y ante el desconocimiento primero y la obsesión después, tuve que recurrir al sabio parecer del octavo Marqués de Sotoancho, quien tras dudar un momento, arrimó el ascua a su sardina ideológica y espetó un altanero: “Siempre a la derecha, hijo, como todas las cosas imprescindibles”. Otros le aplicaron mejores menesteres haciéndolos servir cual cuchillos y hubo incluso, quien en se atrevió a decir que si el lugar más apropiado para tal ubicación no sería la entrepierna, eso sí, manteniendo con alegría el vibrador activado.

Fuera de bromas, hemos de reconocer abiertamente que tan enganchados estamos a los smartphones, tabletas, play’s, wiis y sucedáneos, que somos capaces de ver como normal e incluso soltar una risita jocosa cuando observamos imágenes como la que acompaña este artículo. Decenas de niños sentados alrededor de un árbol, que en vez de jugar, correr o pegarse, les da por teclear las maquinitas como posesos. Pero no hay que rasgarse las vestiduras: los adultos somos peores ¿Quién no ha visto recientemente el anuncio navideño de una conocida multinacional de servicios telefónicos en el que a través de la mirada del abuelo, observamos una entrañable cena familiar en donde todos están más pendientes de sus móviles que de la madre, padre o hermano que tienen al lado? Y ha tenido que ser la propia Vodafone quien nos haya advertido, en un soberbio ejercicio de marketing, de que estamos perdiendo las costumbres y los valores de antaño por vete tú a saber qué demonios hay dentro de esos aparatitos que en ocasiones es más importante que la familia.

“Hay días que la mejor manera de estar conectados…es desconectar!” ese es el mensaje con el que han pretendido dar un buen tirón de orejas a una sociedad que empieza a pudrirse por las teclas y que solamente en España, pese a la crisis, el paro y los recortes, cuenta con veinte millones de usuarios que pagan puntualmente sus tarifitas de voz y datos. Un verdadero dispendio para nuestros maltrechos bolsillos del que se vienen aprovechando las diversas multinacionales del gremio que nos tienen a todos bien cogidos por las gónadas.

Si reflexionamos un poco y descontamos bebes y ancianos a los cuarenta y siete millones de censados, observamos que prácticamente el cincuenta por ciento de la población dispone de dispositivos electrónicos para comunicarse. Empezando por los niños, que hasta la primera comunión son presa fácil de las ya antiguas Nintendo y que una vez superado el Sacramento, que para eso ya son hombrecitos o señoritas, se encuentran entre los regalos una moderna tableta o el ansiado móvil, que les hará compañía hasta que la pubertad les despierte esa imperiosa necesidad de tener a mano un Smartphone con el que pulular a todas horas por entre las redes sociales.

Hoy, adultos y adulterados, nos preguntamos con gracejo en dónde ubicamos el iPhone y lo cierto es que de vivir conectados, no tardaremos mucho en celebrar Nocheviejas a tragos de facebook y whatsapp de langosta. Eso sí, sin preocuparnos para nada de los tedios protocolarios porque simplemente, no tendremos a nadie con quien sentarnos a la mesa.

© Vicente Puchol Mora 2013.

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enero 9, 2013 Posted by | Devaneos | 1 comentario

   

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