de Cabreos y Devaneos

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CARTUCHOS EN LA RECÁMARA

tirada al platoLlevaba doce de veinticuatro cuando tomé ambas decisiones. La primera fue no disparar al veinticinco ante la mirada incrédula de mis compañeros de escuadra, que ya me tenían por mal tirador pero que aún así, no concebían como podía apuntar y mantener el dedo en el gatillo sin malgastar dos cartuchos en el último plato. Ya no había razón para ello, el objetivo estaba cumplido y me limité a desmontar el arma, desearles un feliz año nuevo y arrancar el Kia camino del cementerio.

La segunda de las decisiones fue retomar este blog. Cuando lo dejé, allá por Junio del dos mil once, mantenía fundadas esperanzas de que nunca volvería a escribir en él ni una sola línea. Por aquel entonces, mi Quijotera andaba yerma y me descubrí escribiendo para relajo y disfrute de los demás, en vez de hacerlo para los míos. Así que un buen día, decidí esconderlo en los entresijos de la red con la certidumbre de haberlo mandado para siempre a tomar por donde amargan los pepinos.

Pero como quiera que el hombre propone y Dios dispone, en cuando hice trizas el doceavo plato en el campo de tiro de Quart, respiré tranquilo. Uno a uno fueron transformándose en polvillo rojo cada uno de los meses pasados. Para más saña, no me pasó por alto la idea de cargar la Beretta con cartuchos de veintiocho gramos, para dar cuenta de los correspondientes a Febrero, Agosto y Noviembre. En aquel punto me sentí liberado de un peso enorme y la necesidad de volver juntar palabras fue llenando aquel vacío.

Así que esa misma tarde, desempolvé de bytes mis devaneos y empecé a soltar la válvula de presión para que todos los cabreos acumulados en año y medio empezaran a salir de la olla exprés.

El dos mil doce había sido un año terrible en lo personal. Lo escribo en pluscuamperfecto, como si estuviera muy lejos, por miedo a que los embates de su furia todavía lleguen a alcanzarme. En él se me fueron para siempre tres personas: A dos terminó por vencerlas la enfermedad. A la tercera se la llevó Bankia, que quiso colmar el vaso de su desesperación negándole un préstamo por dos veces y convirtiendo su cabeza en una maraña de miedos que decidió desenredar una mañana de Noviembre.

A sus memorias debo este borrón y cuenta nueva, las ganas de retomar el teclado y de olvidar el nefasto año que acabamos de cerrar. Y aunque en lo profesional, sé positivamente que el dos mil trece será para todos mucho peor que el pasado, aquí estaré esperándole con los dos cartuchos que dejé cargados en la recámara mientras el vigesimoquinto plato volaba altanero por la cancha, quizá sabedor de que no recibiría ningún disparo… de momento!!

© Vicente Puchol Mora 2013.

descarga en PDF Descarga en PDF  Cartuchos en la recámara

enero 1, 2013 Posted by | Devaneos | 4 comentarios

   

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