de Cabreos y Devaneos

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SALVAOS VOSOTROS !!


Si hubiéramos sido ese albatros, que perdido y desorientado vagaba por el mundo confundiendo hemisferios; o aquel pez, que por despistado y absorto terminó inútilmente en su pico, tal vez podríamos contar ahora lo que sucedió en el cayuco que rumbo a la prosperidad de Lampedusa, partió de Trípoli con setenta y dos inmigrantes y termino su periplo cerca de donde había partido, después de dieciséis días a la deriva, con once supervivientes a bordo, y sesenta y un muertos derramados por la borda.
No era la primera vez que nuestro albatros veía cuerpos hinchados y esparcidos en alta mar, pero también era cierto que siempre había sido tras violentos temporales en los que el hombre, a bordo de pateras sinuosas, apenas podía defenderse de los elementos. No ocurría así cuando avistaba un gran navío, fuerte y poderoso como él, capaz de hacer frente al embravecido oleaje y a la tormenta más violenta, por eso, le pareció inverosímil que el portaaviones pasará de largo sin apenas inmutarse ante los gritos desesperados de los hombres, mujeres y niños de la barcaza. Entre unos y otros, cuatrocientos metros de mar en calma y un sol de justicia apenas roto por una nube olvidada, pero el hambre y la sed eran muchos; de la gasolina y las fuerzas, apenas quedaba nada.
Pensó dar vueltas en torno a ellos como harían los buitres esperando a la muerte, y no porque su estómago apeteciera de carnaza humana, que nunca se vio un albatros sucumbir a tales necesidades, pero estaba seguro que centenares de peces estarían también al acecho y no era cuestión de desperdiciar el banquete. Además, del buque de guerra habían despegado dos helicópteros y pensó que sería divertido sobrevolarlos de cerca.
Bien hizo en quedarse aunque su testimonio no sirva de nada, porque aún viendo y oyendo, no está el albatros dotado por Dios para el don de la escritura ni la comunicación humana, porque entonces, hubiéramos oído de su pico relatar como el Capitán del portaaviones ordenaba a sus subordinados en francés de la Otan: “A toute vapeur y que allá se las compongan estos pobres diablos con su propio destino, que nosotros, ya les hemos lanzado galletas y algunas botellas de agua para seguir su camino. Dejad de gritar malditos, salvaos vosotros !!”.
Si es que son como animales, dijo para sus adentros con voz de ave y marchó rumbo a nuevos horizontes mientras de soslayo, veía como los del cayuco dejaban abandonado un cuerpo de niño bajo las aguas.

Leyó semanas después, en las páginas de “The guardian”, que la barcaza llegó mecida por el oleaje al puerto de Misrata y los supervivientes etíopes denunciaron la omisión de auxilio del buque de guerra. Al parecer, los altos mandos negaron cualquier acusación y a buen seguro que declararán secretas las operaciones militares en la zona. Indignado, quiso gritarles: Es cierto, es verdad, yo estaba allí y pude verlo con estos ojos de albatros. Pero el humano que sostenía el periódico, miró hacia arriba, hizo un ademán de fastidio y pasó la hoja como si nunca hubiese visitado la muerte aquel miserable cayuco.

© Vicente Puchol Mora 2011.

  Salvaos vosotros !!… (descarga en PDF)

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mayo 16, 2011 - Posted by | Cabreos

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