de Cabreos y Devaneos

Cada semana, un nuevo artículo

CON “M” DE MARZO, MADRID, MEMORIA Y MUERTE


Quizá debería leerse este artículo como está a punto de escribirse: Con el corazón asido a todas aquellas víctimas de la masacre terrorista del once de marzo en los trenes de cercanías de Madrid, mientras la canción “jueves” de la Oreja de Van Gogh, envuelve el despacho con los recuerdos vividos aquella mañana del dos mil cuatro en los últimos estertores de un invierno que nunca estuvimos a tiempo de olvidar.

Eran cerca de las ocho cuando enfilé Alberto Alcocer en dirección a la carretera  de Barcelona después de haber pernoctado en el NH Eurobuilding por tercera noche consecutiva. La intensidad operativa en un trimestre que anunciaba escasez de materias primas, obligaba a redoblar los esfuerzos comerciales – órdenes son órdenes y cuando vienen de arriba no admiten discusión alguna -. A la altura del enlace con la M-30, decenas de coches patrulla y ambulancias rompieron estrepitosamente el murmullo matinal de un Madrid que aguardaba apaciblemente un nuevo día de trabajo bajo el tímido sol que ya despuntaba por Vallecas. Desde todas las cadenas de radio, hacía diez minutos que se emitían confusas noticias sobre terribles explosiones en la Red ferroviaria de Madrid, que podrían haber afectado a uno o varios convoyes atestados de gente aquellas horas, y que se dirigían como cada mañana, a sus respectivos quehaceres profesionales en los despachos y comercios de la capital.

De inmediato, el nombre de ETA saltó en la frecuencia como por ensalmo y tardaron muy poco los redactores y tertulianos que pululaban por las ondas hertzianas, en bosquejar los primeros indicios que apuntaban a la organización terrorista como autora material de la masacre. Pasadas las nueve y cuarto, cuando un monumental atasco me tenía retenido más de veinte minutos en las cercanías de Torrejón, recibí la llamada de una compañera euskalduna que lejos de preguntarme por cuestiones relacionadas con el trabajo y preocupada por los acontecimientos, derivó directamente la conversación hacía consultar mi parecer sobre la autoría de los atentados.

No pude ser más explícito en mi contestación y continúo manteniendo la misma opinión siete años después: “Eta no tiene cojones ni infraestructura para cometer esta barbaridad”; esa fue mi respuesta en aquel momento y nada de lo investigado, confabulado o conspirado desde entonces, ha podido convencerme de lo contrario.

Con el paso de las horas y conforme fueron arrojando resultados las investigaciones policiales, comenzó a tomar cuerpo la posibilidad de que una cédula yihadista en venganza por nuestra entrada en la guerra del golfo, estuviera detrás de la masacre. Y esa eventualidad en la información, trastocó los planes de un gobierno que se las prometía muy felices de cara a las elecciones generales que tres días después, precipitarían unos resultados, totalmente inesperados.

Soy de la opinión – como casi todos – que la fecha escogida para los atentados fue absolutamente premeditada y milimétricamente estudiada para dar al traste con los resultados electorales que se avecinaban; como también estoy convencido – y de éstos hay algunos menos que compartan mi reflexión – , que la cobardía y culpabilidad personal del iluminado que nos metió de lleno en una guerra ilegal e injusta en la que nada pintábamos, actuó de detonante – vaya palabra – para engañar al País exprimiendo la inconsistente línea argumental que situaba a la organización terrorista Vasca como ejecutora de la carnicería.

Ningún ministro, y mucho menos el Presidente del gobierno, estuvo a la altura de las circunstancias en aquellas primeras cuarenta y ocho horas. Solamente el pueblo, movido por la pesadumbre y el dolor de las injusticias, abandonó sus casas y se adueñó de las calles para manifestarse en contra de las mentiras, de la guerra, de las masacres, y en definitiva, de cualquier clase terrorismo moro o cristiano que descienda del norte o se encarame del sur para venir a cercenar de golpe nuestras vidas.

Millones de personas derramaron lágrimas entonces, y lo siguen haciendo ahora por los corazones que exhalaron su último soplo aquella fatídica mañana de jueves. Ciento noventa y dos almas que no tuvieron más suerte que la de encontrarse sentadas en los vagones de un tren, y de las que nunca debemos ni podremos olvidarnos. Va por ellas, por su recuerdo, por su memoria, por su inutil e inexplicable muerte. Descansen en paz.

© Vicente Puchol Mora 2011.

Con M de Marzo, Madrid, Memoria y Muerte (PDF)

Anuncios

marzo 12, 2011 - Posted by | Cabreos

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: