de Cabreos y Devaneos

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EL DÍA DESPUÉS


-“Cuando esté a punto me aparto, no te preocupes que yo controlo”, estas fueron las últimas palabras de Eduardo antes de comenzar los suspiros, jadeos y gemidos. A los pocos minutos, se oyó decir a un batallón de espermatozoides: – “¡Ahí va el Ebro!” y el hombre cayó redondo encima de Sonia.
-“No me jodas, tío”, fue la frase que espetó la susodicha quitándoselo de encima con un empujón sin miramientos. – “A buenas horas mangas verdes”, dijo un óvulo viendo venir al ejército por poniente con fervor desenfrenado.

Eran las cuatro y veinte de la madrugada de un sábado cualquiera a finales de Septiembre y en las dos farmacias de guardia que habían podido encontrar a esas horas les dijeron que no dispensaban las famosas pildoritas del día después, vaya suerte. La idea de acudir a las urgencias de un Hospital o Centro de Salud no era contemplada por miedo, pues ella todavía era menor y él estaba casado; a ninguno de los dos les convenía dar explicaciones y mucho menos, identidades. A la tercera, como en tantos casos, fue la vencida; en una botica del extrarradio cuyo dueño atendía a la moral de manera tan resuelta como a la ley, no tuvieron ningún problema en adquirirla. Ya de vuelta, el silencio en el interior del vehículo era sepulcral mientras avanzaban por calles y avenidas en dirección no sabían muy bien donde. En unas horas clarearía por levante y mientras una madre esperaba despierta el tintineo de llaves en la puerta, la esposa mantenía dormido un corazón que ya no sentía porque sus ojos dejaron de ver con el devenir hastiado del matrimonio.

Noches inolvidables como ésta; que quizá las circunstancias personales de los actores y la localización de los dispensarios hayan sido llevadas al extremo por el narrador de manera intencionada, ocurren todos los fines de semana y vísperas de guardar; no hay que escandalizarse por ello, es más, Quien no conoce algún fulano que dice saber de un zutano que una vez también por descuido, falta de reflejos o rotura en la goma, se dejó la simiente en maceta ajena o jardinera inapropiada.
El legislador, por necesidad social, ha entendido que no tenemos el huerto como para plantar más rosales con la cantidad de capullos que hay esparcidos en él, y facilita a las mujeres de cualquier edad y sin supervisión médica, el acceso a la píldora del día siguiente. Con ellas, y un vasito de agua para la ingesta, se evitan el noventa por ciento de embarazos no deseados según un estudio reciente de la Sociedad Española de Contracepción, que como su propio nombre indica, fue engendrada – que contrariedad -, para difundir información acerca de cómo evitar que andemos inseminando por el mundo a toda fémina en edad de merecer.

No negaremos la suerte a los amantes furtivos de que los hechos acaecieron en las actuales circunstancias legales, porque como nunca llueve a gusto de todos en este jardín de delicias, y por naturaleza el individuo siempre se moja el día que no lleva chubasquero; los adalides de la ética y el derecho a la vida, han alzado el cuello a voz en grito elevando una propuesta formal ante la Comisión de sanidad del Senado para que inste al Gobierno a modificar la ley y dispensar la gragea exclusivamente bajo prescripción médica.

Bonito papelón le ha tocado a la recién desvirgada en el cargo ministra de Sanidad, pues la moción ha salido adelante y el Senado reconoce el derecho de los profesionales médicos y farmacéuticos a objetar en conciencia esgrimiendo el argumento científico de que se trata de un compuesto hormonal y no una tortilla de Ibuprofeno.

La discusión está servida y los cubiertos sobre la mesa. Así encontrarán también nuestros amantes sus circunstancias cuando despierten de sueños a mediodía. Que horas fueron esas de volver, le dirán a la chiquilla que por fortuna, no llegó a vomitar la pastilla aquella noche aciaga. En el microondas tienes la comida, leerá el marido en un trozo de papel cuando del lecho legal se levante.

Y así el mundo continuará girando, con hombres que “siempre han controlado el escupir del pajarito” y mujeres que en vez de exigir y tomar precauciones en el momento, tienen una segunda oportunidad guardada en la farmacia, para continuar como si tal cosa en la mañana del día después.

© Vicente Puchol Mora 2010.

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octubre 30, 2010 - Posted by | Devaneos

1 comentario »

  1. Veo lógico que hayan farmaceuticos que aboguen por la objecion de conciencia frente a la dispensación de las pastillas abortivas, que no contraceptivas como es la píldora del día despues

    Comentario por Rosa Lopez Vara | noviembre 10, 2010


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