de Cabreos y Devaneos

EL DÍA DESPUÉS

-“Cuando esté a punto me aparto, no te preocupes que yo controlo”, estas fueron las últimas palabras de Eduardo antes de comenzar los suspiros, jadeos y gemidos. A los pocos minutos, se oyó decir a un batallón de espermatozoides: – “¡Ahí va el Ebro!” y el hombre cayó redondo encima de Sonia.
-“No me jodas, tío”, fue la frase que espetó la susodicha quitándoselo de encima con un empujón sin miramientos. – “A buenas horas mangas verdes”, dijo un óvulo viendo venir al ejército por poniente con fervor desenfrenado.

Eran las cuatro y veinte de la madrugada de un sábado cualquiera a finales de Septiembre y en las dos farmacias de guardia que habían podido encontrar a esas horas les dijeron que no dispensaban las famosas pildoritas del día después, vaya suerte. La idea de acudir a las urgencias de un Hospital o Centro de Salud no era contemplada por miedo, pues ella todavía era menor y él estaba casado; a ninguno de los dos les convenía dar explicaciones y mucho menos, identidades. A la tercera, Sigue leyendo

octubre 30, 2010 Posted by | Devaneos | 1 comentario

   

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