de Cabreos y Devaneos

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CHURRO, MEDIAMANGA O MANGOTERO


Cerraron la escuela de la calle y no fue por falta de alumnos. Algunos dirán que gran parte de la culpa la tuvo el progreso, y no les faltará razón, porque bajo el brazo traía un cambio radical de costumbres y valores en una sociedad, que ya veía aparecer el nuevo siglo por encima de sus cabezas.
Lo cierto es que un buen día, las tizonas, el tirachinas, las peonzas y el “churro, mediamanga ó mangotero”; pasaron a engrosar las teselas del recuerdo y en su lugar aparecieron las gameboys, las ludotecas, los ordenadores, las clases de inglés, las actividades extraescolares y la soledad. Si, han leído bien: la más triste y absoluta soledad.
Porque los alumnos de este nuevo colegio sin calle, no tienen amigos con quien descalabrarse a espadazos, ni porterías de dos piedras en cualquier barranco, ni acequias en los campos donde romperse la crisma con la merienda en la mano. Y no crean que a mediados de los setenta, cuando ya habíamos cumplido con el sacramento de la Comunión, éramos todos unos energúmenos, ni mucho menos; pero el esparadrapo en las rodillas, el yeso en el brazo o el algodón en las narices, nos curtían para la adolescencia.

Fueron etapas de la vida en las que la amistad y la enemistad alcanzaban el cénit superlativo de la palabra. Un amigo lo era para siempre y al enemigo, ni el envoltorio del bocadillo se le daba; no fuera a ser que con él, apeñuscara cuatro chinas y nos corriera a pedradas. Porque la fauna infantil era así, estructurada en pandillas donde el que llevaba la voz cantante siempre era escogido por aclamación popular y sin elecciones primarias: Nuestro capitán es “el Pelón”, que por lo general, o era el dueño de la pelota, o el que más mamporros daba.

Recuerdo que en aquellos años, salías de la escuela a toda leche para ser el primero en bajar a la calle con las canicas en una mano y el bocadillo de nocilla en la otra. Que tiempos cuando a lo lejos, escuchabas gritar a tu madre una inútil hora de vuelta para quien no tenía reloj, pero que tu mente procesaba, por la experiencia de los guantazos, con el caer de la noche.
Llegar, decir buenas con tiento y empezar a hacer los deberes, todo era una. Porque no había nada peor que suspender. Un niño aprobaba si o si para salir a dar patadas al balón o su estatus en la pandilla y su puesto en el equipo, quedaba minimizado por la falta de asueto vespertino.

Nada que ver con los hijos del siglo XXI que aguardan pacientes en el patio hasta que llega el papá o la mamá con el cuatro ruedas para llevarles a la academia, al polideportivo o sencillamente a casa, porque no están las calles para que anden niños sueltos sin guardaespaldas, y mucho menos en Capitales de provincia, que de coches a doscientos y malas compañías andan sobradas y en un suspiro, te constipas una desgracia.
Más vale tenerlos a buen recaudo en su habitación, que para salir con diez primaveras cumplidas, ya tienen los cumpleaños y fines de semana alternos con los primos; no son edades para columpios en los parques y nosotros tenemos trabajo; lo mejor será que estudien y se hagan hombres de provecho aunque sean hoy carne de wii, y terminen convertidos en hamburguesa de Nintendo.

Y así llegarán a la Universidad: Sentados en el salón de los Sims, intimando con Mario Bross, relacionándose en facebook y enamorándose de chinitas manga que imaginan ser veterinarias, periodistas o pintoras.
Muchos de nosotros, los que aprendimos en la escuela de la calle, no tuvimos tantas oportunidades ni estaremos nunca tan jodidamente preparados, pero al menos, teníamos el culo pelado de sentarnos en los escalones de la iglesia riendo con los amigos, jugándonos las chapas con los del barrio y enamorando a la que pasaba por nuestro lado, que como mucho, imaginaba ser princesa y se rompía los codos para poder ser abogada, profesora o chica de la limpieza.

© Vicente Puchol Mora 2010.

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septiembre 18, 2010 - Posted by | Devaneos

3 comentarios »

  1. Mira que te llevo 7 años (del 58…) y que soy de Madrid, pero acabas de traerme a la mente mis 11,12,13,14… con pantalón corto en verano… como ahora con 52… Gracias por mis recuerdos.

    Comentario por El Funcionata Malapata | noviembre 13, 2010

  2. Gracias a tí por leer Funcionata. Este era el objetivo del artículo en su concepción, regresar al lector a su niñez. Un saludo.

    Comentario por vpucholm | noviembre 14, 2010

  3. Yo tambien jugue a churro,mediamanga,mangotero…a la comba,la goma,hasta la trompa y las chapas….y la pena que me dan estos niños que no saben nada de nuestros juegos…y lo que se estan perdiendo.La niñez pasa una sola vez y los padres parecen no darse cuenta.Gracias por estos bonitos recuerdos

    Comentario por maria luisa | noviembre 30, 2010


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