de Cabreos y Devaneos

OPERACIÓN SAN LORENZO


Van a leer un artículo al que de momento, el transcurso de los acontecimientos no nos permiten escribirle un final, – vaya por delante esta advertencia por si alguno de ustedes considera oportuno abandonar su lectura y recrear el tiempo en otros menesteres de mayor enjundia- . Pero si han llegado hasta aquí, sepan de primera mano que el final quedará escrito en poco menos de tres meses.

Porque los héroes de esta historia son treinta y tres hombres, uno por año en la edad de Cristo, que permanecen tragados por la tierra en el fondo de la mina San José en pleno desierto Chileno de Atacama. Treinta y tres almas que claman a diario por una ráfaga de aire, por una gota de lluvia, un rayo de sol ó una ablución de luna; demasiado poéticas estamos dejando las palabras para el infierno en vida que estarán sufriendo allá abajo: sin luz, sin agua, sin aire, sin comida, sin nada durante diecisiete días. Solo ahora, cuando los equipos de rescate han podido acceder al cubil mediante una sonda, pueden albergar todavía alguna esperanza; el mundo sabe, al menos, que están vivos, y sus familias también, que permanecen incansables en campamentos temporales al lado del pozo sin despegar los labios ni pegar los ojos.

Familiares que han abandonado sus trabajos, sus casas, sus vidas; porque una nota, escrita a mano con lápiz rojo les decía: Venid, acudid a nuestro lado aunque setecientos metros de piedras nos separen, daros prisa por favor, dejadlo todo, corred, volad que os esperamos: “Estamos bien, en el refugio los 33”, levantaba el papelito el Presidente Piñera vendiendo la piel del oso antes de cazarla. Y el rescate se puso en marcha.

A la operación, han dado por vestirla con túnica de Santo y la elección no es casual, pues a San Lorenzo se le atribuye la leyenda de esconder bajo tierra los tesoros de la Iglesia evitando que cayeran en manos del Emperador Valeriano allá por el doscientos y pico D.C. Por esta hazaña sufrió martirio, fue emparrillado en la hoguera y siglos después, proclamado con razón, Patrón de los mineros.  Y este solemne cargo ha de servirnos como enlace ante el Altísimo, pues de sobra son conocidas nuestras necesidades y cualquier oración o plegaria, bienvenida será;  que toda piedra hace pared, sin que sirva este recurso literario para amontonar mas tierra en donde sobra.

Y tanta se acumula en esta mina, que a mediados de semana llegó a su destino la taladradora que les ha de abrir un cielo sobre sus cabezas o terminar por sepultarlos para siempre en sus entrañas. Y donde el hombre dijo aquí, marcando una cruz en el suelo, sus dientes comenzaron lentamente a masticar el barro. Veremos en un futuro a donde llega.

Mientras tanto, los treinta y tres corazones de yacimiento se han convertido, sin casting previo, en concursantes de un Gran Hermano televisivo en el que nos cuentan a diario, como sobreviven en condiciones infrahumanas reclutados por el centro de la Tierra.

No faltará quien de la desdicha haga negocio y ya esté buscando “interiores” para tales menesteres. Quizá incluso las productoras hayan registrado esta idea y dentro de unos meses oigamos a una presentadora decir: “la audiencia ha decidido, con sus votos al cinco, cinco, cuatro, cinco,  que debe abandonar la mina…fulano de tal”.

Nosotros, dejaremos un cabo de puntos suspensivos al final de este párrafo y aguardaremos arriba, apoyados al brocal por si en algún momento esperado, emergen unos ojos que no podrán sostener la mirada del sol. Será el primero, luego vendrá el segundo y el tercero, así hasta treinta tres y solo entonces, cuando los cuerpos macilentos venidos de las entrañas de la tierra abracen a sus familias, escribiremos el final de este articulo, San Lorenzo lo sabe y su jefe también…

© Vicente Puchol Mora 2010.

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septiembre 4, 2010 - Posted by | Cabreos

2 comentarios »

  1. Me gustaría leer el final de este artículo, tal cual lo prometiera. Da gusto seguir a través de la lectura su original linea de razonamiento. Saludos.-

    Comentario por Lilian | noviembre 7, 2010

  2. Puede leer el final de este artículo, tal y como prometí en su día, en el post titulado: “SUBE A NACER CONMIGO, HERMANO”.

    Gracias por leer Lilian.

    Comentario por vpucholm | noviembre 7, 2010


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