de Cabreos y Devaneos

LAS VERDADES


Estas semanas de agosto he devorado el libro “El alma de las piedras” de Paloma Sánchez-Garnica, en él,– prometo no desvelar nada de su apasionante trama – se novela un supuesto engaño urdido por el Obispo de la Diócesis de Iria Flavia en el año 824 D.C., a sabiendas, y para mayor gloria de Dios, que dicho embeleco constituía un fraude moral y espiritual al convertir en Sagrado, un sepulcro de heterodoxos con el fin de reconducir por el camino de la rectitud cristiana, al rebaño carente de fe que por aquel entonces ya campaba por sus respetos perdido en ritos heresiáticos y veneraciones de mártires apóstatas.
El libro, plantea un interrogante para los personajes que dos siglos después, continuaban buscando “La inventio”, nombre dado por el escribiente Martín de Bilibio al documento de confesión que en las postrimerías de su vida y mortificado por el remordimiento y el peso de la conciencia, le dictaría el Prelado con el fin de evitar que “la Verdad” de lo ocurrido, se olvidase en el tiempo.

Entre sus más de seiscientas páginas, encontramos por un lado a los que temían que esa verdad viera la luz porque a la postre, el remedio causaría más daño que la propia enfermedad y conservar la leyenda constituiría la mejor opción para que el mundo continuase girando en torno a la fe cristiana ; y por otro, los que cansados de conjeturas y falseamientos, pretendían darle al ventilador de la época para colmar de honradez a la Iglesia de Pedro aunque para ello, tuvieran que salpicar de mierda todos sus estamentos.

Durante siglos, la disyuntiva de airear u ocultar una verdad para mejor sustento de doctrinas, ciencias, filosofías o creencias, ha enfrentado a partidarios y detractores de las mismas porque todas, sin ninguna excepción, han tenido en algún momento de su existencia, sucesos turbios que ocultar.
Estas cloacas de alhóndiga, que en todos los casos, huelen a pescado putrefacto y humus de rata, han tenido un mismo denominador común a lo largo de la historia: el absolutista del dogma, que miren por ustedes por donde, siempre es quien ostenta el poder y silencia verdades o mentiras desaguándolas en los sumideros de sus catecismos; y el escéptico, que miren también ustedes por donde, siempre es el sometido; y que cuando empieza a conocer las arbitrariedades del primero, sólo tiene oportunidad de denunciarlas ante los mismos estamentos de poder establecidos al paraguas de dichos Credos.
Por lo tanto, siempre tiene las de perder, cuando no las de perecer, depende de la época a la que dirijamos la mirada.

Afortunadamente en la actualidad, el burgo dispone de mecanismos legales que le permiten cuestionar con ciertas garantías de seguridad personal, las decisiones de gobiernos, estamentos militares e instituciones internacionales; lo que no garantiza, como es obvio, que el resultado vaya a ser distinto del conseguido por sus antepasados con el devenir de los siglos.
Nada, absolutamente nada.
Y para muestra, sirvan desde los botones de cuello en África u Oriente próximo, hasta los dorados en las americanas cruzadas de la crisis económica, pasando por la enorme botonadura del abrigo bélico en Iraq, Irán o Afganistán.

Al final, aprendemos que con el paso de las centurias, el mundo gira pero no avanza, somos como esa peonza estática en un suelo embarrado o como la acémila boba de andares cansinos detrás de una zanahoria; quizá incluso como la tierra misma dando vueltas sobre su eje sin variar un ápice su órbita.

Los señores de “la verdad”, aquellos que no dudan en sumergirnos en guerras para defendernos del enemigo infiel, siempre vencen sobre nuestras voluntades.
Así ha sido desde siempre y lo continuará siendo por los siglos de los siglos,

Amén.

© Vicente Puchol Mora 2010.

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agosto 28, 2010 - Posted by | Devaneos

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